sábado, 16 de junio de 2012

El alcalde de Bogotá se "blindó" de su impopularidad prohibiendo las corridas




Por Jorge Manrique Grisales
Miembro de Astauros

Actuando por encima de la ley y en momentos en que afronta serios problemas de imagen, el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, decidió prohibir las corridas en la primera plaza de toros del país.
El burgomaestre capitalizó la simpatía de quienes se oponen a la fiesta como una formar de "blindarse" ante una eventual revocatoria de su mandato que sigue cocinándose en razón a su demostrada incapacidad de hacer frente a los principales problemas que afronta la capital.

Gracias a su oposición frente a la realización de la próxima temporada taurina en La Santamaría, Petro encontró en los toros la fórmula mágica para manejar una muy conveniente y taquillera cortina de humo para aliviar las fuertes críticas que ha recibido de distintos sectores de la ciudadanía por problemas tan graves como la movilidad, la falta de diligencia en la contratación, la inseguridad y el colapso de sectores como la salud para los más pobres.

Con su decisión de prohibir las corridas, el alcalde capitalino pasará a la historia como el gobernante que de un plumazo enterró más de 80 años de tradición, gobernando en beneficio de un sector que a toda costa pretende acabar con las corridas como "expresión artística del ser humano", consagrada en la Ley 196 de 2004, esa por la que el burgomaestre pasó de largo.

Sin importar el detrimento patrimonial que sufrirá el Distrito Capital por los impuestos que dejará de percibir y las múltiples demandas legales no sólo de la Corporación Taurina de Bogotá sino también de los gremios que agrupan a la gente que deriva su sustento de la fiesta y de organizaciones de aficionados, Petro hizo valer a toda costa su condición de autoridad administrativa, violando el derecho de quienes libremente asisten a los festejos taurinos.

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